Ultrasonido en el cerebro para tratar adicciones y depresión

Dormir, pensar, sentir tristeza o buscar placer: todas esas funciones tienen un origen físico en las redes neuronales del cerebro. Pero ¿y si pudiéramos “tocar” esas mismas redes sin abrir el cráneo ni implantar electrodos? Eso es justo lo que están explorando científicos de instituciones como el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y otros equipos alrededor del mundo mediante una tecnología emergente llamada ultrasonido transcraneal focalizado (tFUS).

Esta técnica se basa en concentrar ondas de sonido de baja intensidad a través del cráneo para estimular o modular regiones específicas del cerebro sin necesidad de cirugía ni implantes. A diferencia de otros métodos no invasivos como la estimulación magnética transcraneal (TMS) o la estimulación eléctrica (tDCS), el ultrasonido tiene mayor resolución espacial y puede llegar a estructuras profundas, como el núcleo accumbens, una región clave para cómo aprendemos del placer y la recompensa.

La conciencia, esa sensación de estar “dentro” de nuestras experiencias, es uno de los grandes enigmas científicos. En enero de 2026, investigadores del MIT presentaron un enfoque en el que el ultrasonido focalizado se podría usar para estimular diferentes partes del cerebro de sujetos sanos de forma no invasiva, y así observar cómo responden neuronas específicas ante diversas tareas cognitivas o sensoriales. Esta metodología podría ofrecer un nuevo mapa de cómo se organiza la actividad cerebral que da lugar a la percepción, las sensaciones y, en última instancia, la conciencia.

El objetivo no es solo académico; entender mejor la relación entre actividad neuronal y experiencias conscientes podría transformar no solo neurociencias básicas, sino también tratamientos de trastornos del estado de ánimo, depresión resistente, estrés postraumático y aún más.

Más allá de la teoría

En paralelo a estos avances sobre conciencia, estudios recientes sugieren que técnicas similares de ultrasonido están siendo exploradas como terapia para condiciones complejas como adicciones y depresión, problemas que tradicionalmente han sido difíciles de abordar con las terapias estándar.

La idea es que, modulando regiones profundas relacionadas con motivación, recompensa y regulación emocional (como el núcleo accumbens), se podría influir positivamente en patrones de conducta y reducir síntomas de trastornos por uso de sustancias o anhedonia (incapacidad para sentir placer). Un equipo de investigación ha observado que la estimulación ultrasónica breve puede cambiar la forma en que las personas aprenden de recompensas y toman decisiones, con efectos comparables en algunas medidas a la estimulación cerebral profunda, pero sin necesidad de cirugía.

Simultáneamente, equipos en universidades como Virginia y Utah están examinando cómo estas ondas pueden integrarse con tratamientos clínicos actuales para abordar adicciones y depresión que no responden a terapias convencionales. Algunas investigaciones previas con tecnología similar ya han observado resultados prometedores en reducción de ansiedad, síntomas depresivos y facilitación de aprendizaje saludable o de elección de conductas más positivas.

Además, una revisión científica reciente sobre neuromodulación con ultrasonido de baja intensidad indica que esta técnica puede modular específicamente circuitos neuronales asociados con el sistema de recompensa y la toma de decisiones, ofreciendo una base biológica para su uso futuro en tratamiento de adicciones.

Aunque las perspectivas son emocionantes, la técnica sigue siendo joven. Como en muchas áreas de la neurociencia, todavía hay preguntas clave sobre cómo exactamente el ultrasonido afecta a los circuitos neuronales, cuánto dura el efecto y qué parámetros son seguros y eficaces a largo plazo.

Lo que sí está claro es que el uso de ultrasonido para neuromodulación representa un cambio de paradigma en la exploración y posible tratamiento de funciones cerebrales —un salto que va desde la mera observación hacia la intervención dirigida sin bisturí. Y más allá de sus aplicaciones médicas, la técnica ofrece una nueva ventana para abordar una de las preguntas más profundas de la ciencia: cómo emerge la experiencia desde la actividad física del cerebro.

 

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